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Els Frikinautes

Consola que mola: Primates en guerra

Este artículo no tratará de ninguna consola en concreto, pero servirá para dos cosas: introducir el retorno de la Colecovision al blog y a mostrar el asunto que convirtió a una simple delegación americana de una empresa japonesa, casi una pyme que no podía pagar el alquiler de sus oficinas y almacenes, en una de las mayores empresas de la industria del entretenimiento gracias al renombre que ganó a partir de aquí. Fue un caso de bullying empresarial que reventó en la cara de una gran corporación que se creyó demasiado lista, cosa que ahora raramente pasa, y así está el mundo estos últimos años.

Este caso fue el primero que demostró que los videojuegos empezaban a tener mucho poder en la industria del entretenimiento, y fue el primer golpe en la mesa de la compañía que dominaría el mercado durante el resto de la década de los 80: Nintendo. 

Pongámonos en situación: Tras unas rápidas pero arduas negociaciones que trataremos en el siguiente episodio,  la empresa juguetera Coleco, que contaba con una buena reputación dentro del sector del videojuego, había desarrollado una consola llamada Colecovision y se había hecho con la licencia del afamado arcade Donkey Kong de Nintendo como juego de regalo con la consola. En abril de 1982, poco antes de salir Colecovision,  Donkey Kong era un fenómeno de masas, y la compañía Tiger quiso hacer una maquinita de éste. Y entonces a los directivos de Tiger no se les ocurrió otra cosa que pedir licencia para su versión portátil bastarda a otra empresa: el gigante del entretenimiento MCA-Universal, pensando de manera totalmente inocente  que Donkey Kong estaba basado a nivel no solo de desarrollo sino de propiedad intelectual en King Kong, una película del cual había sido realizada en 1976. Como hacía muchísimos años (desde 1933) que se estaban realizando productos del gigantesco gorila y ni Universal ni RKO antes que ésta jamás habían puesto trabas, los servicios jurídicos de MCA-Universal le dieron a Tiger la licencia prontamente y sin cobrarle nada.

Así las cosas, MCA-Universal había estrenado en tanto que productora hacía ya 6 años el antedicho remake de King Kong producido por Dino De Laurentis. Al enterarse de la existencia de esa recreativa llamada Donkey Kong, y haciendo mucho tiempo que pensaba en una estrategia para que Universal entrara en el mundo del videojuego, el presidente de MCA-Universal, Sid Sheinberg, vislumbró que podía sacar algo de ella y de esa pequeña compañía japonesa llamada Noentiendo  y a la tal Colegio, a pesar de que en un estudio de mercado anterior una abogada de Universal, Loretta Sifuentes (la que había dado la luz verde a Tiger), había concluido que DK no dañaba en modo alguno los derechos que pudiera (atentos: pudiera) detentar Universal sobre King Kong. Para dar inicio a este trabajo de recaudación de capitales Sheinberg al abogado jefe de MCA-Universal, Robert Hadl, que fuera a un arcade con sus hijos y viera el juego en funcionamiento. Un mono que lanza barriles y un fontanero (entonces carpintero) que quiere salvar a una chica. Y pone “Kong”. “Plagio!!!”, pensó el picapleitos (Aviso: los japos pusieron “Kong” porque Shigeru Miyamoto no sabía inglés y arrejuntó los equivalentes, un tanto erróneos, de “gorila” y “tozudo” que encontró en un diccionario japonés-inglés. O sería “ingrés”? )

Sheinberg invitó entonces a Arnold Greenberg, presidente de Coleco, a una reunión, con el motivo aparente de confirmar una supuesta compra de acciones de Coleco, de manera que ésta pasaría a formar parte de MCA-Universal al igual que Atari pertenecía a Warner. Greenberg acudió frotándose las manos sin imaginar que era un ardid: se encontraron en un lujoso restaurante hollywoodiense con la asistencia especial de Steven Spielberg, y tras una buena comilona, Sheinberg amenazó a Greenberg al más puro estilo El Padrino: lo cogió, lo llevó un rincón, y suave y educadamente soltó la amenaza: o se le pagaban royalties por cada cartucho de DK producido o caía una demanda (y no estoy siendo irónico).

El normalmente entusiasta Greenberg se acojonó. Perdería las ventas de la consola antes de salir ésta? Universal siguió presionando a Coleco y empezó a hacerlo con Ninetndo, y al final los jugueteros, acorralados, cedieron: Un mes antes de salir la consola se firmó el acuerdo MCA-Coleco por el pago de los royalties (El valor? Un 3% de cada cartucho producido. La cantidad a pagar una vez acabada la producción sería de 4,6 millones de dólares). 

Pero Hiroshi Yamauchi, presidente de Nintendo, no se acojonó, sino que se cabreó como, nunca mejor dicho, como una mona, y aún más al averiguar la existencia del estudio de mercado de la Sra. Sifuentes, eso es, el que permitió a Tiger Electronics sacar una maquinita LCD de King Kong sin pagar royalties. Y encima, Universal, para cubrirse las espaldas, exigió a Tiger, so pena de obligarle a pagar royalties, que modificara su clon de Donkey Kong para que pareciera distinto (Mario pasó a ser bombero, los barriles pasaron a ser bolas de fuego…). Su yerno Minoru Arakawa, a la sazón presidente de Nintendo Of America, le confió la gestión del asunto a su mano derecha Howard Lincoln, un abogado independiente que lo asesoraba externamente desde su llegada a EEUU. Primero, Lincoln pensó en pagar una cantidad que oscilaba entre 5 y 7 millones de dólares, pero indagando un poco descubrió enseguida que a) Universal solo tenía los derechos de King Kong por 10 años, y b), que en el contrato de Nintendo con Coleco había una clausula que eximía de responsabilidades legales a la entonces pequeña N en caso de problemas judiciales con la conversión (lo de la letra pequeña, y las prisas, ya sabéis), lo que constituía una gran ventaja para Nintendo en esas circunstancias (acaso se imaginaban que pasaría algo así?). Así las cosas, Lincoln se decidió por luchar. Mientras tanto, Greenberg, en estado de pánico total, y pagados los royalties para poder sacar a tiempo la Colecovision, intentaba convencer a Arakawa de que tragara, por el bien de todos, para decepción de Howard Lincoln, que incluso intercedió por Coleco (que ya había llegado a un acuerdo con Universal. Fue toda una marranada por parte de Greenberg) con un argumento que más adelante sería clave en el juicio: que solo a partir de 1975 empezó Universal a poner demandas por usar el nombre de King Kong. Cómo podía ser que no lo hubieran hecho desde 1933, y de golpe y porrazo, al cabo de 42 años empezaban a demandar a todo quisqui?

Lincoln decidió devolverles el ardid a Sheinberg y Hadl. Era jugársela mucho, pero Arakawa, que al principio pensó en seguir a Greenberg, confiaba ciegamente en su gran amigo Howard y le siguió sin rechistar, a pesar de que incluso Yamauchi pensó que Lincoln iba demasiado lejos. Si les salía mal, los dos iban a perder el trabajo, seguro. Así pues, se encontraron en un restaurante de Hollywood, y tras comer, cuando Sheinberg sacó el tema de futuros negocios entre las dos empresas cuando acabara todo el asunto, en lugar de un compungido ejecutivo de pyme y su picapleitos particular dándoles las gracias, Hadl y Steinberg se encontraron a dos yuppies plantándoles cara. Lincoln le contestó de manera directa y estudiada: no iban a aceptar ningún acuerdo: según sus investigaciones, Universal no tenía razón y no iban a pagar. Sheinberg se puso histérico: “Ya podéis empezar a ahorrar para pagar la cuenta de los abogados”, dijo, y sin esconder sus verdaderas intenciones les espetó “litigamos mucho, y el departamento de litigios es una buena fuente de ingresos”.

En enero de 1983, y tras denunciar a Nintendo por incumplimento del copyright en virtud del acuerdo alcanzado entre ellos, RKO y los herederos de Merian C. Cooper, director de King Kong, Universal pasó a denunciar a todas las compañías que hacían merchandising de Donkey Kong, y éstas rápidamente pagaron sus royalties. Solo MB, que hacían el juego de mesa de DK, y Ralston-Purina, que fabricaban los cerales DK y cuya primera oferta para evitar una demanda fue rechazada por Universal, decidieron ponerse del lado de Nintendo.

Mientras tanto, Howard Lincoln y el abogado que había contratado para el juicio, John Kirby, viajaron a Japón para sacarles a los ahora legendarios Shigeru Miyamoto y Gunpei Yokoi, diseñador del juego y jefe y colaborador de éste respectivamente, toda la información útil que existiera sobre DK. Tras entrevistarse con Yamauchi, los abogados acudieron a Miyamoto y Yokoi, y éstos informaron a los dos letrados de todo el desarrollo del juego de pe a pa: diseños, bocetos, códigos, betas (según parece en una en lugar de Mario estaba Popeye, que es muy querido en Japón), etc.

Mientras preparaban el juicio, Lincoln pasó de asesor externo a vicepresidente ejecutivo de Nintendo of America a instancias de Minoru Arakawa. El juicio, dirigido por el juez Robert W. Sweet, magistrado muy mediático y aún en activo hoy día a sus 88 años, se celebró en Nueva York y duró siete días. La defensa de Kirby se fundamentó en mostrar el juego ante el juez y compararlo con la película King Kong: un empleado de Nintendo jugó varias partidas en la sala y se comparó lo visto con proyecciones de escenas de la película. Sin embargo, fue la prueba con la que Kirby lanzó el ataque final a Universal la que finiquitó el proceso: Universal no era propietaria de los derechos de King Kong ni jamás lo había sido. En todo caso poseía los derechos del remake de 1976, pero no del concepto y la historia original, ni tampoco de los personajes. De hecho, la misma Universal había ido a juicio en 1975 para probar que King Kong era de dominio público y no propiedad de la RKO, que no había renovado el copyright. La frase de Sheinberg sobre su departamento de litigios le estalló en las narices, y el juez no dudó en declarar inocente a Nintendo. Sweet incluso pareció burlarse de Sheinberg en la redacción del sumario, definiendo al departamento de litigios como un “Centro de ingresos que intentaba aprovecharse sin fundamento jurídico alguno de compañías incapaces o poco dispuestas a enfrentarse con él”.

Los abogados de Universal no pudieron rebatir ninguno de los argumentos Kirby, y éste no tuvo piedad, solicitando demandas económicamente muy cuantiosas por daños y perjuicios y remarcando el margen de negocio en merchandising perdido por culpa de las amenazas de MCA-Universal, y aquí es donde de nuevo entra Coleco (no os penséis que me había olvidado): Universal tuvo que devolver los royalties por todas las consolas vendidas a Coleco (un pastizal de cuidado: 500.000 consolas en 5 meses…) y comprarle stock sobrante; a Atari le tuvo que devolver los royalties por la versión de DK para el ordenador Atari 800, que salió al expirar el contrato Nintendo-Coleco (cuya exclusividad vencía a los 6 meses) y a la mítica productora Ruby-Spears (seguro que sobretodo Penny la recordará: esos dibujos de Mr.T, Chuck Norris y Rambo…) el material y las horas trabajo perdidas por haber sido obligada a cancelar la serie de dibujos de DK. Universal apeló 2 veces, pero se desestimaron los dos recursos, y en 1985, MCA-Universal tuvo que pagar los gastos del juicio a Nintendo y a la judicatura de Nueva York más la indemnización por daños y prejuicios. Total: 1.800.000 $. Pero en ese momento Sid Sheinberg estaba demasiado ocupado intentando que Robert Zemeckis y Steven Spielberg pusieran marcianos en Regreso al Futuro (y no es broma) como para preocuparse de un caso perdido.

Pero si os pensáis que esta es la última vez que menciono a Sheinberg vais equivocados. Él tuvo que ver con otra acción desastrosa en el mundo del videojuego pero fue de refilón, y para nada culpa suya, como veréis en el episodio sobre el Crash del 83. Por cierto Kirby, el monísimo globito rosa, más que probablemente se llame así por el abogado, aunque en Nintendo lo niegue (incluso dice que posee una copia especial del juego). Además, en el pago se le dio algo curioso: un barco, el “Donkey Kong”, y la propiedad de los derechos del nombre Donkey Kong en barcos. Si un marino le quiere poner Donkey Kong a su embarcación, tendrá que pagar una cantidad a Kirby.

Por desgracia, todo este asunto también convirtió a Nintendo en una potencia a nivel jurídico, y ello perjudicó mucho a la competencia. Mucho.

Fuentes usadas:

El libro de Mr.Kent, que os he nombrado tantas veces

Wikipedia: http://en.wikipedia.org/wiki/Universal_City_Studios,_Inc._v._Nintendo_Co.,_Ltd., entre otras entradas

Artículo de The Escapist Magazine: http://www.escapistmagazine.com/articles/view/issues/issue_119/2539-The-King-and-the-Donkey 

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2 comentarios

scaramanga -

Un resumen perfecto, Penny. Y de nuestra época siempre me moló más el Killer Instinct que el DK Country.

Pennywise -

El pez chico se comió al grande, aunque luego el pez pequeño pasó a tiburón.
PD: No le encuentro la gracia a los Donkey Kong
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